Cerrar un año despidiendo a un hermano

— Manuel Herrera

¿Cómo empezar esto? ¿Cómo darle inicio a un nuevo año luego de empujar el ataúd de aquel que se convirtió en mi hermano hacer tan poco? Viendo y viviendo un dolor y una tristeza tan repentinos, aquel a quien nadie esperaba que llegara de tan remotos parajes para caer en un pueblito tan poco memorable de Colombia, ayer lo despedimos aún estupefactos, recordando cómo, hace menos de tres meses, se reía con nosotros. Él, Robert Edward Browne, o como algunos lo recordarán por siempre, el gringo de Cogua, fue un amigo que no busqué y un hermano que nunca pedí.

Se siente como un abismo imposible de llenar, una vida que hasta hace nada dábamos por hecho nos acompañaría muchos años. Planes, ideas y experiencias que ya no serán. Y nos deja un espíritu realmente libre, que vivió y conoció tanto como pocos. Aún así, siento que el mismo se fue cargado de tristeza por no seguir acompañando a su hijita a quien, casi seguro, amó cómo a nadie. Ella es su legado encarnado, única entre todos los que la rodeamos, en un sentido tan amplio e innegable cómo lo son su belleza y chispa.

Por dónde Robert pasaba impregnaba su bondad y alegría. Ojalá se pudiera trazar un mapa con sus recorridos y seguir aquella ruta de felicidad que dejó por doquier. A su lado, muchos parecíamos incompletos o, mejor, nos podríamos completar con su presencia. Nos mostró nuevas experiencias, nos llenó con su sabiduría, nos alegró el corazón con su sonrisa sincera y desinteresada. Y hace tan poco de esto, que aún estoy en negación.

¿Cómo dar ese paso adelante, sin mirar atrás y confiando en lo que viene? ¿De dónde sacar esperanzas para este nuevo año? La vida, inexorable, sigue a pesar de lo ilusorio del tiempo. Pero ¿cómo darle sentido, nosotros que seguimos en esta tierra, a nuestra existencia después de sufrir está perdida? Solo anhelo que las cosas que me lo recuerden las pueda disfrutar en plenitud en su memoria, como seguro él lo habría deseado.

Y a mi hermana, a quien he visto en su imposible sufrimiento, solo puedo decirle que estoy y estaré a su lado tanto como nos necesite. Mi mayor deseo es que pueda llegar a ser plenamente feliz y que siga educando a su hija en el camino de la libertad.

Es extraño recibir un año con un adiós. Robert, me despido de ti con gratitud por lo que me diste y tristeza de lo que no logramos vivir juntos.